domingo, 28 de abril de 2013

La Nave del Comandante Xenara

Voy a comenzar esta entrada transcribiendo textualmente unos párrafos del Libro de Esdras Rasit, los cuales tienen relación exacta con la noticia de un reciente experimento que voy a reseñar más abajo.

“Mayor, ahora que se ha restablecido, le invito a conocer nuestra nave, su funcionamiento le interesará mucho. Como ya ha notado, no hay aquí consola ni palancas ni cables…Sin embargo eso no significa que esto no tenga su mecanismo […] El mecanismo que conocí allí era en forma radical opuesto al usado por nosotros en nuestras máquinas. Sin duda nuestra física mecánica pertenece a la prehistoria y ha dado de sí todo lo que podía dar y por más que avancemos en este camino jamás por él podremos llegar al movimiento espontáneo y natural del tipo al que ha llegado esta gente. El combustible cósmico es universal y no es preciso andar cargando desde la Tierra una especial fuente productora de energía. La verdadera era espacial de la Tierra sólo podrá comenzar cuando sus habitantes, en especial nuestros científicos, acepten que esa energía cósmica es propensa de ser transmutada y, luego, proyectada en diferentes maneras y por diversos caminos con el único concurso de la propia voluntad; lo demás será sencillo: bastará con observar nuestra ingeniería biológica y copiar sus patrones para que tengamos en las manos “un verdadero organismo espacial” tal cual era aquel de Xenara y de sus otros acompañantes.
-El conjunto de esta nave-explicaba el comandante Xenara­- es idéntico en configuración y funcionamiento al aparato motor del cuerpo humano. Cuando nuestra evolución nos llevó a la comprensión y comprobación de que la  Energía Cósmica de vida salía de nuestras mentes transformada en algo diferente, tanto en su aspecto como en sus facultades, a como la recibíamos a través del corazón y de los otros órganos receptores […] nos dimos a la tarea de investigar. Esta energía así calificada en nuestra mente tiene, entre otras muchas, la capacidad de actuar como causa motora en cualquier cuerpo más denso que ella, es decir, de más baja frecuencia vibratoria, y hacer que bajo su influjo el cuerpo en cuestión se desplace en el espacio[…] El caso que nos ocupa, nuestra nave, cae dentro del área de los desplazamientos organizados. Y si usted hace un pequeño esfuerzo hasta lograr considerar este vehículo no ya como una nave sino más bien como un organismo, le resultara sencillo hacerse una idea de como accionarlo. Considérelo de esta forma y deje de pensar por un rato en los aparatos de la Tierra, los cuales van por rumbos distintos a estos, y caerá en la cuenta que para construirlo solo nos fue suficiente con reproducir aquí en todo esto parte de la configuración -el aparato motor- de nuestro ser físico. Esto era imperativo para hacerlo funcionar de esta forma, sin botones, ni palancas, ni tableros...¿Valía la pena, acaso, reproducir tales elementos si ya los tenemos en el cerebro?- Rió divertido-¿No le parece una redundancia?
 
Además de las muchas pruebas de laboratorio que avalan la telequinesia, todas hechas en la década de los sesenta y realizadas bajo las más estrictas normas de control, con la participación de la parapsicóloga rusa Neila Mikhailova, ahora podemos añadir estas más recientes, hechas por investigadores de la Universidad de Essex, las cuales apoyan también, una vez más, lo expuesto en el Libro de Esdras. La noticia dice así:
Sincronizar cerebros para conducir naves espaciales podría tener un futuro en la exploración sideral, además de ser una gran experiencia de comunión virtual.
 Dos mentes son mejores que una, al menos para mover naves espaciales. Investigadores de la Universidad de Essex observaron la precisión de mando de individuos o grupos de dos personas conduciendo una nave espacial virtual con sus pensamientos y descubrieron que las señales emitidas por dos personas son mejor entendidas por una interfaz entre cerebro y computadora (BCIs por sus siglas en inglés).
Se desarrolló un simulador de vuelo en el que usuarios conectados a una interfaz BCI tenían que manejar una nave hacia el centro de un planeta pensando en una de ocho direcciones. Las señales cerebrales representando cada dirección eran interpretadas por la máquina y transformadas en tiempo real para dirigir la nave.
Los resultados muestran que las simulaciones de usuarios únicos tuvieron un 67% de precisión mientras que los usuarios que fusionaron sus mentes alcanzaron el 90%. El tiempo de reacción ante contingencias climatológicas en la atmósfera del planeta también fue superior para aquellos operando en conjunto. Los investigadores explican que combinar señales cancela el ruido aleatorio que generan las señales electroencefalográficas.   Asimismo, el utilizar dos mentes tiene como ventaja que si una se distrae la otra puede mantener la coherencia de la señal (copiloteo psíquico).
NASA investiga la posibilidad de controlar exploradores planetarios vía remota, posiblemente con un respaldo bi-mental. Aunque esto apenas está en etapas especulativas.
Buckminister Fuller, el gran ingeniero (creador de los domos geodésicos), filósofo y futurista decía que “la Tierra es una nave espacial”, ¿si todos sincronizáramos nuestra intención empalmando ondas cerebrales, hasta dónde podríamos llevar la nave planetaria? Por otro lado casi cualquier cosa puede ser una nave espacial, y entonces beneficiarse de la co-intención mental sincrónica: coherencia que navega con mayor firmeza a través del espacio”.
Ante estas comprobaciones me pregunto: ¿Qué dirán ahora aquellas mentes racionalistas que, al momento de salir publicado el libro, se rieron y lo calificaron de charlatanería y de burda ficción mercantilista? ¿Pueden aún existir mentes así en nuestro mundo de hoy, donde lo más común es el uso cotidiano de términos como teletransportación cuántica, entrelazamiento cuántico, ondas de pensamiento, ondas de consciencia, etc.?

Francisco Arturo Mejías